Literatura y dinero: qué términos más antitéticos. Nada se aleja más del materialismo capitalista que la vivencia radicalmente profunda y gozosa que provoca la lectura. O la intensa emoción de crear a través del lenguaje. Pero, ay, las palabras y las frases no llenan neveras ni pagan facturas y los escritores no hemos conseguido, hasta la fecha, sobrevivir alimentándonos de papel y tinta, ni chupando la pantalla del ordenador. De ahí la esquizofrenia: en la intimidad de la página en blanco buscamos lo sublime, lo ideal, nos mueve la libertad artística. Fuera de ella tenemos que buscar el modo de obtener ingresos, como cualquier hijo de vecino. Pero ¿qué dinero puede comprar la entrega absoluta y brutal, la obsesión enfermiza, el sacrificio de una vida entera persiguiendo lo inaprensible? Pues no se lo digan a mis editores, pero eso no tiene precio. A los escritores nos convendría más no ser de carne y hueso, no tener que comer ni dar de comer a los nuestros. Celebro que los cinco finalistas y la ganadora del premio Aena reciban un ingreso considerable, me alegro por ellos. Pero el resto de currantes de las letras seguiremos picando piedra en la mina para sostenernos biológicamente y así no dejar de escribir por inanición. La precariedad del sector llega a niveles dramáticos, y sin base la cultura se desmorona.Seguir leyendo