Una mujer con gesto abatido está sentada sobre una caja de madera, frente a la puerta de una casucha de ladrillos sin revocar y techo de hojalata, mientras su hija de 20 meses le busca el pecho, hambrienta y ajena al cansancio extremo de su madre, convertida en el primer caso de malaria en cuatro años en esta zona rural del norte de Esuatini. Patience, nombre ficticio elegido para este reportaje, su marido y la niña asisten, resignados, a un ajetreo inusual en torno a ellos. Seguir leyendo